Comecocos filosófico.

Hace yá mucho tiempo me dió el punto de dibagar un poco por ese mundo tortuoso de la lógica en el campo filosófico…   por matar el aburrimiento, supongo. La cuestión es que se me ha ocurrido ponerlo aquí.
Haber, ¿quién es capaz de aguantar su lectura y asimilación sin desquiciarse antes?, jeje.
“Llevo pensando mucho tiempo en que experiencia será la ruptura del  equilibrio que alberga mi mente, me habrá llegado la hora e  inevitablemente estaré solo, solo con mi individualidad. Al romperse  el equilibrio que mantiene extable en el transcurso del tiempo un punto  o foco referencial aparentemente de carazter absoluto, creo que mi  consciencia se diluiría infinitamente en infinitos puntos  referenciales, pero perdiendo la identidad individual que poseo.
Dejarían de ser experiencias, pues sería parte del todo pero de  manera instantanea, ya que creo que el presente es así, y al carecer,  por lo tanto de tiempo, no soy capaz de concebir diferencia entre el  todo y la nada en ese estado existencial. Piensa que todos los  presentes a la vez solo formarían un solo presente, total, pero  instantaneo. Desde esta lógica de analisis de la existencia no hay  diferencia entre nada y todo.

” Nada” es un punto espacio-temporal inalterado, no se manifiesta, no  cuenta ni es referencia de nada. Ni siquiera se puede concretar, forma  parte de un todo relativo, sin identidad propia, no existe como tal.
Pero si pasamos a formar parte de esta “nada” pasaría a serlo todo  para nuestra percepción. Percepción subjetiva en un proceso de  absorción de método incompleto y dimensional, necesitando el infinito  para su total asumción; y sería en el infinito donde estaría su  “totalidad”. Mientras tanto seríamos el procedimiento, la existencia.
El todo y la nada son conclusos, no existen.

¿Alguien se acuerda de como empezó todo?. No me refiero a lo analizable físicamente como algo externo, sea el supuesto big-bang o lo que en el futuro predomine como teoría de génesis. Me refiero al principio.
Cuanto más retrocede uno en la memoria más difuso, dudoso, y escaso lo recuerda; hasta el punto de no poder concretar qué, ni como fué lo primero.
Y, ¿qué somos. De qué estamos hechos?. ¿Somos tiempo; quizas sucesos nacidos de nuestra iniciativa?. O, ¿talvez padecimientos que forman una consecución temporal, de los cuales somos conscientes?. Si somos ellos y somos conscientes de ellos, seríamos conscientes de nosotros, de nuestra propia existencia. Pero si siendo padecimiento  de sucesos no fuesemos observador de ellos, como por ejemplo un cristal, al no tener consciencia de nosotros mismos, sino, formamos parte de lo padecido por un observador, formando así parte de su existencia; ¿independientemente a eso existiríamos?.
¿Porqué somos de pensamiento unico, individual?. Y, ¿qué es el tiempo?, del que dependemos para mantener nuestra identidad.

Talvez nuestra consciencia se fué formando progresivamente devido a la continua retención de los acontecimientos que hemos ido padeciendo desde que hemos empezado a ser capaces de hacerlo por el desarrollo de nuestro organo de la memoria hasta formar expontaneamente un método estable capaz de mantener una identidad; pero con un equilibrio con las suficientes variables abiertas como para permitir al sistema enriquecerse, explorar nuevos métodos de equilibrio y permitir la expontaneidad y por supuesto la iniciativa.

De esta manera, sin un dedo milagroso que aportase la consciencia desde otra naturaleza, (algunos dirían que divina),y solo devido a la expontaneidad del sistema; de la misma manera al romperse el equilibrio desaparecería la consciencia, y al destruirsen los datos memorizados desaparecería la identidad. Solo seríamos algo en la existencia consciente de otra identidad como mucho.

¿Qué es lo que nos aporta la capacidad de memorizar?. Un método de retención de las sensaciones que nuestro organismo interpreta devidas a padecimientos externos a nuestros pensamientos y tambien la retención de las nuevas derivas de nuestro propio pensamiento; para todo ello poder revivirlo de una manera incompleta e imperfecta, pero suficiente para crear un hilo de continuidad de la identidad, así como avanzar en un desarollo interpretativo más global, produciéndose la percepción causa-efecto en las consecuciones. El método por el que lo hacemos lo llamamos tiempo; pero solo es el nuestro, el mío, solo es parte de mi, de mi yo, o de nuestro yo; por eso es subjetivo.
¿Existe el tiempo objetivo?. Podría ser entonces un tiempo físico, pero debido a nuestra manera subjetiva de asimilarlo tendría que ser relativo, relativo a nuestra subjetividad. Pero, desde luego, no creo que el tiempo exista por sí mismo, sino que es un método, bien subjetivo, o relalivo a nuestro método subjetivo.

Pero, si estamos hechos de efectos padecidos y su interpretación temporal, ¿de qué estaría hecha una sal, o una molécula de agua?.
Desde nuestra subjetividad estaría hecha de los acontecimientos que padezcamos de ella, asi como de las conclusiones que de ellos asumamos.

Por eso forma parte de nuestro mundo temporal, así como el resto de acontecimientos padecidos, aunque para su asimilación causa-efecto tengamos que servirnos de un método con infinitas posibles direcciones nacidas de manera focal desde nuestro presente y con un solo sentido causa-efecto; es lo que concevimos como sensación de espacio en el tiempo, que al igual que éste, sería subjetivo a nuestra existencia individual, siendo parte de nuestro método y siendo físicamente relativo a cada espacio subjetivo existente.
Así que en definitiva lo que formamos con la interpretación en el tiempo de todo lo que padecemos directa o indirectamente no es otra cosa que un universo subjetivo en evolución, en un proceso continuo de incompleta asimilación y padecimiento espacio-temporal; que desaparecerá con la desaparición de nuestra identidad, y nuestro presente es el centro de nuestro universo subjetivo e individual, y solamente por deducción podremos asumir un universo objetivo, físico, pero relativo en padecimiento al nuestro. Por eso no podemos identificarnos en esa sal, no la podemos padecer diréctamente, solo podemos deducir su existencia mediante los efectos en el tiempo que ésta provoca indirectamente en nosotros, en el centro subjetivo de nuestro universo. La sal no está en el presente.
He de decir que no creo que haya un presente físico absoluto, válido para cualquier subjetividad; aunque en la actualidad ya existen métodos matemáticos de aplicación para solventar este problema de análisis y transformar un efecto correspondiente a un presente subjetivo en su equivalente desde otro presente subjetivo, al menos aceptablemente por ahora (relatividad especial con las transformaciones de Lorentz con “c” como referencvia absoluta en la fórmula gamma). Esto nos ayuda a interpretar mejor un universo objetivo, neutro. El entender las cosas desde otra perspectiva nos ayuda a enriquecer nuestro conocimiento de ellas, pero cuidado, en este caso no deberíamos olvidar en el proceso que solo es un método al fin y al cabo. Un universo objetivo carecería de centro único, todas sus referencias serían el centro y el presente, carecería por lo tanto de un método focal necesario basado en espacio-tiempo.
Sería concluso, cerrado, absoluto, y en definitiva, ajeno a nuestra capacidad de observación-padecimiento.”
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