Mi opinión de la CRISIS en España.

El bienestar de una sociedad pasa por poseer bienestar económico, y esto choca con el interés personal del individuo, que consiste en su bienestar económico por encima, y si es necesario, a costa, del bienestar de la sociedad a la que pertenece.

Así que, cuanto más control (poder) tenga un individuo sobre el sistema, más descompensará su evolución a su favor.

Esto lo sabemos todos. Pero lo que no tengo tan claro es que sepamos una de las consecuencias de esto. Una consecuencia muy sutil, pero, en mi opinión, fundamental para
entender lo que está pasando. El individuo es egoísta, pero de egoísmo a cortas miras, porque además de egoísta, es perezoso. De hecho, la costumbre de mirar hacia otro lado cuando no nos interesa enfrentar nuestros principios o moral a lo que vemos, acaba convirtiéndose en una manera de vivir en sociedad.

Esto implica que hacer ver a toda una sociedad de individualidades egoístas y perezosas, que les conviene una alternativa que limita su bienestar para garantizarlo en un futuro a medio o largo plazo, solo funciona cuando tienen en mente la experiencia, la vivencia del caos y suplicio que acarrea  perder ese nivel de bienestar que ahora se tiene.

Esto ocurre con generaciones que las han pasado canutas y ahora disfrutan de unas condiciones que, por ello, saben valorar en su correcta medida; y aun así, se tiende a olvidar con facilidad, también por pereza.

Los políticos lo saben, y como individuos egoístas que también son, lo tienen en cuenta y
prefieren medidas coyunturales que no pasan apenas de ser unos meros gestos propagandísticos, a medidas a largo plazo eficientes pero profundamente impopulares.

Además, con el apoyo a la primera opción por parte del poder económico; ya que esta apuesta cobarde no desestructura el sistema en el que sustentan su control de las infraestructuras para su provecho.

Y esta es mi opinión de la triste realidad. Todos miran y los que tienen el poder de hacerlo,
determinan solo en vista al paso inmediato siguiente a tomar (unos por pereza y otros por interés). Y todos estos cálculos complejos fundamentados en propósitos finales, en una meta concreta a conseguir; no son aplicables en un sistema que funciona de esta manera. Falta un cambio de concienciación general en la sociedad que debe partir de un cambio de concienciación (de valores) en el individuo.

Entrando en materia…  no voy a hacer un análisis minucioso de las cosas desde mi opinión; si no que me voy a limitar a reflejar mi opinión del porqué estamos como estamos aislando los elementos que considero los principalmente culpables.

La economía de libre mercado fundamenta su conveniencia en que el libre mercado se autorregula sirviéndose del egoísmo y ambición del emprendedor, provocando un equilibrio a la baja de los precios por competencia.

Vale… por un lado tenemos que el bienestar, en última instancia son los bienes de consumo. Un país crea riqueza, en realidad y solamente, creando bienes de consumo; no especulando con ellos, eso solo es un paso canceroso del proceso que solo beneficia al especulador.

Pero para que el sistema funcione tenemos que completar el ciclo (que, en vez de intentar
reflejar lo complejo que es, me limitare para mi propósito en idealizar un proceso lo más simple posible).

Por ejemplo, en un agricultor…  no, mejor en un operario de una cadena de producción (es que el sector primario, es poco representativo, pues está en vías de extinción).

Este operario de la fábrica, en su trabajo crea riqueza en forma de un bien de consumo -> la
fábrica vende el producto, que pasa por distintas manos hasta el penúltimo eslabón de la cadena -> que lo oferta al consumidor definitivo.

Lo fundamental de todo esto es que debemos tomar, con el fin de simplificar el ejemplo, como último eslabón, precisamente al propio operario de la fábrica, al que ha creado dicho bien de consumo.

Pero, este común consumidor, si no cobra suficiente dinero por generar ese bien como para
alcanzarle para comprarlo, la cadena se detiene.

¿Es viable la cadena?, por supuesto que si. Existen las máquinas y la energía con la que se
mueven, de manera que el empleado sumado al resto de costes de producción, generan muchas piezas de fabricación, permitiendo el margen suficiente para la rentabilidad intrínseca del proceso y ofertar un producto competente y accesible para el poder adquisitivo del operario.

Pero ahora viene el problema…    el libre mercado y su hipotética autorregulación.

El planeta tiene ya un mercado global. Y aquí tiene una gran relevancia el sector de la intermediación. Importancia por lo necesario que es, y en consecuencia, por lo influyente que es.

Y este sector funciona como los demás, con los valores individuales que he descrito al
principio. Y es tal su poder y su insaciable apetito que no se conforma nunca con su parte del pastel. Así que esta parte del pastel engorda hasta límites que hacen insostenible el ciclo.

Pero tranquilos, no pasa nada. El planeta tiene de todo.
Pueden las empresas desplazarse a países con condiciones tales que crear en ellos los bienes de consumo y venderlos en los países con mejor renta percápita, permite que el ciclo en estas vías de flujo siga funcionando (al menos por un tiempo), a pesar del aumento de los costes de transporte.

¿Y el sector primario?. Tranquilos, se generan y extraen las materias primas también de países que permitan absorber la pérdida necesaria para permitir al ciclo completarse de manera viable (al menos por un tiempo).

Un momento… Pero, si se desmantelan los sistemas de creación de riqueza real de los lugares donde se pretende consolidar el consumo, aumentará el paro y muchos no podrán consumir.

Vale vale, rebobinemos…  entonces hagamos otra cosa.

Tenemos que facilitar el consumo a la mayor cantidad posible de consumidores e impulsar un mayor hábito de consumo de ellos; esto aumenta el flujo de intermediación de bienes de consumo, de manera que, sin engordar más los precios, engordamos más las arcas de la intermediación por el aumento de operaciones por tramo de tiempo (al menos por un tiempo).

Claro, que este cambio de velocidad de consumo (aceleración) se nutre de las reservas
económicas (el ahorro) del consumidor potencial. Y ¿qué pasa cuando el ahorro se acaba?.

Vale vale…  es que no hay manera. Esto es peor que el perpetuo móvile, el sistema insiste en cambiar si se le extrae energía, a pesar del empeño de uno en que mantenga las condiciones.

¡Ya está!. Se promueve el préstamo. Hay que concienciar al consumidor a endeudar su futuro
económico (al menos por un tiempo). Hacerle pensar solo en el presente que ello supone. El disfrute de bienes que le espera. El aumento de calidad de vida. Y como no…   si los demás lo hacen, ¿por qué yo no?.

Ummm…   pero claro, los préstamos se amortizan con sus intereses desde el primer plazo, y
esto tiene su limitación en la descompensada renta percápita del consumidor. Descompensada desde ya unos procesos atrás.

Vale, pues se dilatan en el tiempo los préstamos lo necesario para que este flujo acelerado se mantenga (al menos por un tiempo).

A ver, que si aumenta demasiado la deuda de una moneda en cuestión, ésta se devalúa respecto a las demás, y esto implica menos beneficios en las transacciones en las compras en países de moneda baja, para la venta en los países de moneda “ya no tan fuerte”. ¡¡Cachiss!!.

A ver, recapitulemos.

-Hemos desmantelado demasiado los sistemas de creación de riqueza de los países altamente productivos.

-Hemos descompensado demasiado la renta percápita del consumidor, con respecto a los bienes de consumo (en perjuicio del consumidor, claro).

-Hemos ampliado nuestro abanico de consumidores en lo posible y hemos aumentado demasiado el hábito de consumo de estos (con el consecuente aumento del deterioro del planeta; al revés de lo conveniente).

-Hemos endeudado demasiado al consumidor (más bien se ha endeudado, que somos mayores de edad, ¿no?), al ciudadano común, a la masa mayoritaria de la sociedad.

-Hemos dejado el estado monetario en el que se sustenta todo este insistente empeño en que el sistema siga funcionando con unos beneficios desmedidos del sector intermediario, al borde de la depreciación monetaria en cascada; que aunque no lo digan se intenta evitar de manera persistente y desesperada y con todas las armas posibles.

De acuerdo, va a haber que tomar medidas rectificadoras… que remedio, ya no hay manera de seguir sacando tajada si esto se desmorona. Pero eso sí, sin desmantelar la estructura que da el poder a los que lo ostentan en la actualidad, a los intermediarios y especuladores varios, a los expertos en dinero fácil.

Esto es lo que, en mi humilde opinión, creo que va a pasar; otra solución “al menos por algún tiempo”. En este paso siguiente, son las instituciones de los Estados soberanos las que se empobrezcan demasiado, empeñando el bienestar de nuestros descendientes. Empeñándoselo nosotros, por no tener coraje para cambiar las cosas a costa de perder bienestar en la actualidad para garantizarlo en el futuro.

Por ello estoy rebotado con todo esto.

Bla bla bla bla…  y más bla. Pero siempre lo mismo, y ningún líder con ggguuevos para arriesgar su cargo y hacer lo correcto.

Y, ¿qué es lo correcto?.

En mi opinión, no pretender grandes logros con pequeñas medidas. Sino dejarse de mensajes
publicitarios y ser realista, pretendiendo pequeños logros con grandes cambios. Y paso a paso, porque el individuo de mueve egoístamente y solo con miras al futuro inmediato.

Aunque el sistema financiero se recuperase, solo volveríamos a caer en la misma situación si,
además, no se cambia el sistema en sus normas y controles económicos y funcionales de mercado.

En este sentido, creo que la intermediación debe regularse de manera mucho más estricta y limitando su poder lo suficiente para que no vuelva a generar esta dinámica autodestructiva
del sistema.

Tiene que reducirse considerablemente la diferencia entre el valor del bien de consumo en origen y destino último. Esto para mí es el principal inconveniente, y, sin embargo es algo que no se debate ni está en las mesas.

Salvo alguna coletilla que lanza de vez en cuando el sector primario (sobretodo el sector
agropecuario), remarcando los márgenes no menores del 200 y a veces de hasta más del 1000% en la intermediación; y en algunos casos sin ni siquiera ningún ridículo proceso de manipulación o preparación del producto.

Y, otro de los principales pilares de la estabilidad de un sistema, está en desechar de él las
zonas no controlables. Esto puede parecer egoísta y hasta xenófobo si se quieren sacar las cosas de contesto; pero solo es pura necesidad de mantener la estabilidad de un sistema que funciona ante la otra opción, que deje de funcionar a cambio de ningún beneficio para nadie.

Me refiero a que, los países, sistemas multiestatales, etc..  que estén organizados y tengan unas estructuras consolidadas, deben proteger su estabilidad, protegiendo la viabilidad de sus sistemas internos. Y en lo economico-comercial implica defender sus sistemas de creación de bienes de consumo por encima de intereses comerciales individuales que peligren la rentabilidad de esos procesos generadores internos.

O sea, consolidar los sistemas de aranceles.

Una cosa es ser populista, y otra ser realista. Lo primero queda bonito y hace que uno se sienta buena persona, (solo de intenciones, claro). Pero, solo lo segundo mueve el mundo de manera funcional y eficiente.

Y respecto al Medioambiente, digo que no sirve limitarse a ser populista. Primero se tiene
que ser funcional; y para que las medidas que se pretendan tomar en mejora del Medioambiente sean funcionales, primero tiene que serlo el sistema económico, social, comercial, financiero, etc…  en el que se pretenden sustentan.

Y, mal vamos si ni siquiera somos capaces de ser realistas y funcionales en esas bases de sustento.

Y no olvidemos que, en última instancia, es el individuo el que debe ser más ecológico en sus hábitos y forma de vida. Y no me refiero a las chorradas de reciclar la basura (que no está mal, pero su repercusión queda lejísimos de ser suficiente). Tenemos que ser mucho menos consumistas de todo, de todito todo. Y ya ves, en cuanto bajamos un poco el consumo, el sistema se tambalea.

Queda mucho que cambiar, demasiados que no están dispuestos a ello, y pocos que estén
dispuestos de verdad (no de boquita) y sobre todo, que estén preparados para el cambio necesario.

Así pues…   el capitalismo, solo dejará miseria en su larga agonía antes de ser sustituido, supongo que por la tecnocracia (vestida con la imagen y color que sea).

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