Conceptos como herramientas para el análisis lógico.

Para concretar en qué marco expondré mis razonamientos, primero definiré mínimamente dicho marco.

No pretendo concretar mucho dicha definición, con el fin de dejar el suficiente margen de interpretación particular de cada lector, que es lo que propicia el enriquecimiento en las interpretaciones de pensamientos ajenos; su interpretación desde matices diferentes que puedan sumar aportaciones diferenciadas y enriquecedoras.

Esto implica de antemano que esta exposición carecerá de formalidad y formalización alguna con respecto a las normas establecidas como estándar para la aplicación de la lógica. Mas aún, intentaré no dejarme influir por ninguna, aunque se que no lo conseguiré en buena parte.

Entro a definir algunas premisas, que a diferencia de lo que se supone que tienen que ser las premisas, estas, podrán ser en todo momento cuestionables, como creo que lo puede ser todo lo razonado y asumido, antes y después de cada conclusión o supuesto avance de cualquier proceso de razonamiento.

Así pues, parto de que, si bien, con alguna premisa tenemos que empezar a construir nuestros conceptos de análisis lógico, debemos sin embargo tener total libertad para cuestionarlas siempre que la situación lo requiera entre otras opciones. También debemos tener en cuenta esta opción tanto como las demás en los respectivos procesos de aplicación del razonamiento de la lógica simple (siempre lo más simple posible, con el fin de necesitar respetar como necesariamente ciertas, el menor número de premisas posible).

Os habréis dado cuenta de que no me he referido en ningún momento a axiomas o cualquier otro término que defina asunción de dogma o elementos de fé de verdad absoluta e incuestionable.

Precisamente se trata de todo lo contrario.

Tal como lo veo, hay dos maneras claramente diferenciadas de llevar este tipo de razonamientos. Una tendría como eje central de las aplicaciones lógicas los conceptos de verdad y falsedad de las reglas de inferencia. Pero esto requiere rotundidad y definiciones a concretar asumiéndolas en su completitud, lo que creo que define un marco demasiado platónico y ajeno a las aplicaciones en física que principalmente me interesa.

La otra manera claramente diferenciada tendría como eje centrar de las aplicaciones lógicas los conceptos de realidad propia, realidad inducida, ambas concretas, e indeterminación.

No cave el planteamiento de falsedad o certeza, pues nos centramos en interacciones, en procesos de cambio, en influencia externa, en información externa ajena a nuestro cuestionamiento y nuestras deducciones. Son enunciados impuestos por la naturaleza, por la existencia, que debemos intentar interpretar, entender, desde el análisis lógico, no cuestionar su verdad.

Me inclino por este último propósito.

Empiezo pues-

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Todo es un concepto absoluto. Comprende la totalidad de elementos. Una totalidad es absoluta y única, pues no existe la posibilidad de comparación alguna; pues el hecho de comparar implica más elementos, lo que invalida que dicha totalidad lo sea.

Así pues, la totalidad es un concepto “concluso”, sin aplicación en una realidad consistente en “procesos” .

Nada es un concepto absoluto. Comprende la ausencia de “algo”. No comprende ninguno de los elementos que componen el razonamiento. La nada es absoluta y estéril, pues anula la fructificación de cualquier razonamiento reduciéndolo a la nada.

Hay que tener cuidado con la nada, pues puede confundirse con la negación de “algo”, lo que no deja de ser algo referido a ese “algo”.

La nada no es parte de concepto alguno que no sea el propio, lo que invalida la pretensión de integrarla incluso en la negación de elemento alguno. Negar algo es exclusivamente negar algo, lo que no es nada.

Así pues, la nada es un concepto “concluso” , sin aplicación en una realidad consistente en “procesos”.

Tanto la totalidad como la nada son conceptos ajenos a la realidad de los procesos, los cuales solo pueden tender a estos conceptos, sin asumirlos realmente, para lo que los procesos reales, necesariamente tienen que ser “no concluibles”. De esta manera, los procesos, como límites extremos, pueden tender a infinito o a infinitesimal, pero siempre mantener la situación de “no concluidos”.

El todo y la nada son conceptos que están más allá de cualquier proceso. Son ajenos pues a la realidad de cualquier tipo de análisis que trate cambio alguno, dinámica alguna, proceso alguno, interacción alguna en definitiva.

Concluso es algo carente de proceso alguno. Este concepto es extremo, en la medida en que, todo lo que no represente un proceso “inconcluible” es “concluible”, lo que, como realidad de proceso, es, por lo tanto, concluso o realidad conclusa, que es la ausencia de proceso. Esta realidad conclusa solo puede ser parte del marco en sí para cualquier proceso no concluso que dé al conjunto la identidad de realidad.

Por ejemplo: en el campo abstracto de las matemáticas, un proceso concluso sería 5·7=35, que no sería otra cosa que 5 unidades 7 veces, un conjunto de 35 unidades ordenadas en 7 subconjuntos de 5 unidades cada uno.

Este razonamiento representa un proceso concluso, pues no hay dinámica alguna en todo ello. No hay distinción objetiva entre principio y final del proceso. En todo momento estamos representando 35 unidades, da igual la manera en que las expresemos.

Sin embargo, nos vale para formar parte del marco tomado en un proceso de cambio no concluso.

Otro ejemplo matemático, 7-5=2, es igual de concluso, pues el proceso es concluible, por lo que es de realidad conclusa, no podemos distinguir o identificar fase alguna de proceso; es decir, no podemos identificar el proceso en sí, solo identificamos un estado previo (7-5) y un estado definitivo (2). Pero también nos vale como parte del marco para un proceso de realidad no conclusa.

Concluible es un concepto contradictorio en sí, pues se refiere a un proceso, concretamente a la fase del proceso, la cual solo puede ser real como proceso si se puede identificar como tal, y esto nos obliga a un proceso con identidad propia. Pero todos los procesos requieren la propiedad de “continuidad” para poder tener identidad propia como tal, pues cualquier descomposición de un proceso en partes discontinuas entre sí, está formado por partes conclusas, que en su composición forman un proceso también de realidad conclusa, lo que no compone una identidad real propia de proceso.

Luego éste, en sí, tiene que no ser concluible, o sea, ser no concluible. Por lo que, al referirnos a un proceso como concluible, estamos negándole la “propiedad” de proceso, con lo que sería un estado concluso.

Inconcluible es un concepto que define cualquier proceso con identidad propia como tal proceso. Siendo indispensable la condición de inconcluible en este, para sustentar sus propiedades de cambio como tal proceso en una realidad sostenible.

Solo los procesos inconcluibles pueden sustentar la propiedad de “continuidad de proceso”, la cual es indispensable para manifestarse la naturaleza propia del proceso en sí.

Discontinuo es un concepto que no tiene posibilidad de ser considerado como concepto absoluto sin caer en una contradicción.

Considerar a algo como discontinuo implica que ese “algo” está compuesto por partes distintas y diferenciadas completamente ajenas entre sí, lo que de ninguna manera podría componer una unidad superior si no existen características comunes en dichos elementos con las que definir dicha unidad.

Solo si ese “algo” es en realidad solo relativamente a una o varias características discontinuo, pero no a todas, podrá tener sentido como identidad que los engloba.

Así pues, la discontinuidad es posible solo como propiedad relativa a unas características o cualidades concretas que no implique la total desvinculación de las partes, no pudiendo ser del todo ajenas, y no pudiendo ser éste un concepto absoluto.

Continuo es un concepto fundamental para formar todo tipo de realidad. Sin la propiedad de continuidad, no existe prolongación alguna posible para componer un desarrollo con identidad propia como proceso.

En el fondo, para poder representar cualquier realidad física (por ejemplo) necesitamos enmarcarla en un proceso continuo que dentro de nuestras limitaciones de simulación matemática, podemos expresar mediante sucesiones infinitas y funciones de los nº Reales.

Toda expresión matemática de propiedad conclusa sería estéril y solo puede representar propiedades concretas pero siempre incompletas que componen el marco de actuación, pero no son suficiente para representar un suceso o proceso físico real.

Referencia es un concepto que considero de mucho más calado que el que se le atribuye en la física, que es hacia donde voy a ir orientando todos estos conceptos para su aplicación.

En busca de conceptos rotundos, con la menor ambigüedad posible que nos lleve a duda o confusión, la referencia en sí tiene que ser en principio un concepto absoluto. Esto implica que la existencia de una referencia concreta condiciona y obliga a tenerla en cuenta en todo el proceso o marco de actuación como eso, la referencia de ello, de todo ello.

Esto puede parecer evidente y trivial, pero en mi opinión es fundamental. De hecho, incluso para marcar distintas referencias se necesita componer un marco y para ello necesitamos una referencia en la que fijar el marco contenedor de otro tipo de distinciones de segundo nivel. Tal es el caso de la geometría, por ejemplo.

Es la referencia el ente real en sí, es la que interacciona, la que sucede, la que “observa”, la que motiva y condiciona las características de la realidad como una realidad “determinada y concreta”.

Cada referencia pues, tiene su realidad concreta, su propio estado real, su propia certeza. Esto nos lleva a asumir que todo es parte de “mi” (referido a cada uno, por independiente, de los lectores), y que da igual como pretendamos plantear los razonamientos, siempre estarán hechos y serán parte de “mi” como referencia absoluta de todo lo que forme la realidad. De todo en un proceso continuo e infinito, en definitiva.

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Podría seguir definiendo conceptos a tomar como premisas (todas ellas cuestionables siempre que sea necesario y lo requiera la situación), pero teniendo en cuenta que puedo hacerlo conforme vaya dándose la necesidad de emplearlos en mis razonamientos, creo que es suficiente por ahora para mi pretensión de iniciar la composición de razonamientos con el fin de abarcar varios temas que espero interesen al lector.

Empiezo por la aplicación de la última premisa, la referencia en un contexto antrópico con el fin de entender mejor en que marco se desarrollan todos nuestros análisis, observaciones, interpretaciones razonamientos y conclusiones. En definitiva, todo lo que compone nuestros pensamientos.

Se ha hablado mucho del universo platónico que componen nuestros pensamientos, con sus reglas de aplicación de la lógica y su composición estructural.

Se ha hablado mucho de su diferenciación con el mundo exterior, su distinción de la realidad que compone la naturaleza, el universo físico.

Pero yo me pregunto, ¿puede ser esto posible si nos lo planteamos, lo proponemos, y suponemos entenderlo como una verdad posible, mientras todo ello sigue perteneciendo al mismo y único en principio universo antrópico como parte de nuestros pensamientos, conclusiones, sensaciones observadas y sentidas que componen nuestro ser consciente?. ¿Cómo podemos llegar a conclusión alguna de que lo que forma parte de nuestra realidad consciente no es con toda esa realidad subjetiva, parte de una realidad más completa y libre de subjetivación antrópica, sin caer en la contradicción de que con ello estamos apropiándonos de ese concepto no antrópico para formar parte de las ideas que componen nuestro universo Platónico y antrópico?.

¿Hay algo más allá o al margen de mi realidad (tu realidad)?.

Siento la necesidad de incorporar otro concepto como premisa, la particularidad, propiedad de diferenciación o distinción de referencias.

Las propiedades e información particulares precisan y determinan la realidad de la referencia que estas componen, siendo el foco referencial la partícula, y los procesos reales son el universo particular que la compone. Son, en definitiva, las propiedades de su estado.

De esta manera, al referirnos a una partícula, nos estamos refiriendo a todo su universo particular de interacción, a un proceso con identidad real definida en la partícula como referencia de dicho proceso.

¿Y qué soy yo, mi consciencia?. ¡Es algo tan complicado definir a la partícula sin describir para ello el universo de procesos particulares que componen su realidad!.

¿Y si más que difícil, es imposible?. Esto sería cierto si nosotros como ente consciente no fuésemos nada más que las experiencias, sensaciones y pensamientos que componen nuestra consciencia. Esta es una posibilidad que, en vista a que toda información a de ser siempre parte del universo antrópico propio, es la única lógica posible.

Voy a centrarme en la diferencia entre sensaciones y procesos lógicos que componen mi realidad.

Resulta que las sensaciones que forman parte de mi ser consciente son todo un abanico de agradables (alegría, sabor dulce, etc…) a desagradables (angustia, quemazón, etc… ), pasando por sensaciones con características descriptivas muy precisas (sonido, vista sobre todo) y otras de menor precisión descriptiva. Pero todas ellas son creadas de manera no analítica ni consciente, pues forman parte del resultado que generan las estructuras neuronales ya definidas genéticamente en nuestro cerebro.

Mientra que el pensamiento está compuesto de procesos lógicos que, de manera voluntaria y consciente, en mayor o menor medida, carecen de sensación propia; aunque los podamos asociar a sensaciones, como por ejemplo felicidad, al creer haber llegado a entender los fundamentos de un tipo de sucesos físicos. Pero el proceso como las conclusiones, en sí, no componen sensación alguna.

Esta distinción es fundamental para tratar de la manera más objetiva posible sensaciones de las que poseemos además información suficientemente precisa como para poder analizarlas en un proceso lógico razonado.

Tenemos, por ejemplo, el caso del sonido. Forma parte de nuestro análisis su interpretación como ondas de choque con una frecuencia concreta. Y a la vez existen un abanico de frecuencias que nuestro cerebro interpreta de manera estructural directa y sin análisis previo como una sensación, la sensación de sonido con un montón de matices de timbre, limpieza, tono, etc…

Pero me interesa en concreto otro ejemplo de bastante más precisión y complejidad. La luz.

Creo que es precisamente gracias a la sensibilidad de nuestro sentido de la vista, gracias a lo que se ha desarrollado tanto nuestra inteligencia, incluso antes de desarrollar el lenguaje.

Nuestro cerebro a ido evolucionando estructuralmente con el fin de sacar mayor provecho a este don. Siendo capaz de conformar un método capaz de distinguir con mucha precisión la diferenciación de distintos focos de luz mediante la sensación de espacio, y la distinción entre estos de diferencias de frecuencia con gran precisión dentro de un abanico limitado (sensación de color), así como diferencia de sensación de intensidad.

Todo esto no deja de ser algo al margen de cualquier proceso de análisis que pretendamos realizar con esta información que nos aportan las sensaciones del don de la vista.

El problema viene cuando pretendemos analizar la información que componen estas interacciones electromagnéticas de manera independiente a las sensaciones que les atribuye nuestra estructura cerebral de manera automática y asumida.

Tenemos que ser capaces, o al menos intentarlo en lo posible, de desligar nuestros razonamientos de esas sensaciones, para así poder abrirnos a interpretaciones mucho más enriquecedoras en conocimiento y entendimiento.

En cierta medida, el proceso de análisis y razonamientos lógicos pretende incorporar a nuestro universo antrópico componentes que creemos que en principio no forman parte de él, pero que tomamos como premisa que, aún así, existen desde una realidad más cierta, menos particular, que pretendemos concretar desde y para nuestra particularidad.

En el caso del espacio, enriquecemos esta sensación con propiedades lógicas que englobamos en la geometría. Pero tenemos que reconocer que para aportar mayor riqueza a las propiedades del espacio, debemos intentar interpretar y asumir estas propiedades de manera ajena a la sensación concreta de espacio que representen.

Esto nos resulta muy muy difícil, pero sería de una gran ayuda para interpretar y así entender mejor el espacio complejo, ya que este es mucho más completo y rico que el espacio real. De hecho, el espacio complejo consiste en esos procesos con realidad propia de propiedades geométricas que no somos capaces de asociar a sensaciones de espacio, pero de los que tenemos información analítica de su existencia por encima de las sensaciones que componen nuestro universo antrópico.

……………………………………………………..

Antes de entrar a analizar el espacio complejo quiero referirme a algún aspecto de nuestra interpretación analítica de la realidad que compone nuestras experiencias.

Podemos diseñar y construir procesos conclusos en nuestros pensamientos. Los ejemplos matemáticos son bastante claros y me interesan en particular:

5+7=12

5·7=35

7-5=2

7/5=1,4….

y todos estos procesos conclusos los asumimos en su totalidad sin ningún problema. Forman en su totalidad, parte de nuestro universo platónico.

Pero, ¡qué pasa si pretendemos diseñar y construir procesos no conclusos?. Deberemos dotarlos de la propiedad de no concluibles. Pero para hacerlo, descubrimos que no tenemos la capacidad analítica de diseñar en su totalidad la estructura que compone sus propiedades cuantitativas; viéndonos obligados a dejar reflejado el concepto de inconcluible en sus propiedades cualitativas solamente, lo que no es suficiente para abarcar el proceso en su totalidad.

Un caso simple y claro es el conjunto R de los números reales y cualquier función a la que lo apliquemos como abscisa.

Otro ejemplo evidente es cuando expresamos una sucesión infinita en la que asumimos que n tiende a infinito.

Seguro que se os ocurren muchos más ejemplos.

La cuestión es que todo lo que somos capaces de asumir de estos ejemplos de procesos no concluibles, lo hacemos de manera conclusa, lo que es claramente una imperfección de nuestro análisis bastante relevante.

Tenemos muy limitada nuestra capacidad de diseño de procesos no conclusos. En realidad, no somos capaces de diseñarlos, porque no somos capaces de “crear realidad de suceso” mediante nuestro análisis y estructuración desde nuestro mundo platónico del pensamiento y las sensaciones. No somos capaces de diseñar y asumir en su totalidad procesos con identidad real propia de proceso.

Sin embargo, entendemos en mayor o menor medida sus propiedades, tanto cualitativas como cuantitativas.

¿Por qué?. Bueno, nuestro universo antrópico lo componen también de manera fundamental las sensaciones. Y resulta que las sensaciones que emanan de nuestros sentidos son interpretaciones directas (sin análisis previo desde nuestro consciente) de realidades consistentes en sucesos externos a nuestro sistema sensorial neuronal. Son pues entidades con realidad propia, son procesos no conclusos con realidad propia basada en las propiedades del proceso en sí. Son una realidad impuesta a nuestro universo antrópico que identificamos como sensaciones concretas.

Así pues, nuestras construcciones de razonamiento lógico, en sí y sin asociarlas a sensación alguna, carecen de capacidad de realidad propia y solo las podemos tomar como marco de posteriores reestructuraciones de procesos de análisis. Y en todo ello somos incapaces de generar un solo proceso no concluso que podamos asumir en su totalidad; siendo solo capaces de generar partes conclusas incapaces de poseer una realidad sostenible.

Por el contrario, entendemos en buena medida estos procesos no concluibles gracias a la evidencia de realidades de interacción consistentes en ellos, realidades externas a nuestra construcción razonada, realidades que asumimos como sensaciones. Realidades a las que podemos asemejar una construcción analítica que solo podrá ser incompleta por estar constituida con componentes de estructura conclusa que imponen necesariamente propiedad de discontinuidad en una pretensión mal lograda de expresar o imitar una estructura con propiedad de continuidad, capaz de definir las propiedades de interacción, de cambio.

Después de esto, voy a volver al ejemplo matemático del proceso concluso 5·7=35.

A veces ayuda el expresar en lenguaje no matemático los procesos para liberarse de la ortogonalidad de la relación entre las propiedades que tomamos como axiomas. Es una manera de redondear las esquinas de la estructura que compone el proceso para dar más juego a las interpretaciones razonadas de éste.

Y es que, si bien en principio, los axiomas sirven de apoyo para construir razonamientos y con ellos propiedades que suponen avances en el campo a tratar; no debemos olvidar que todos los axiomas se ponen gratuitamente, y que no debemos nunca dejar de cuestionarlos.

Por eso, prefiero moverme con premisas que llegado el momento zarandeo a mi antojo si fuese necesario. No se trata de componer una estructura de razonamiento sólida y rígida, si no, más bien lo contrario; una estructura maleable y con los suficientes cabos sueltos como para poder adaptarse y crecer en la medida en que lo requiera la situación. Una estructura en todo momento cuestionable.

Puedo expresar este proceso concluso 5·7=35 diciendo que “ el conjunto de 5 unidades repetido 7 veces hace un conjunto de 35 unidades.

Aquí hay algo que considero bastante importante y que está relacionado con la propiedad conmutativa. Y es que hacemos distinción entre el cometido del valor 5 y el del valor 7, de manera que el proceso concluso de poseer 7 conjuntos de 5 unidades, en sí es distinto al proceso de poseer 5 conjuntos de 7 unidades (7·5=35), a pesar de que en los dos casos nos estemos refiriendo a 35 unidades en total y que al ser un proceso concluso, es indiferente al no afectar el proceso a realidad alguna.

Pero la cosa cambia cuando al concepto “unidades” le añadimos realidad propia refiriéndonos a algo que asumimos como real. A un elemento que asumimos como real, por ejemplo con la sensación de “manzana”. Esta identidad propia mantiene su realidad al margen de que el proceso en cuestión sea o no concluso; de manera que un conjunto de 5 manzanas 7 veces define la idea de asociar las manzanas de 5 en 5 hasta siete veces. Esto es distinto como realidad que asociar las manzanas de 7 en 7 hasta 5 veces, a pesar de que sepamos que en ambos casos tenemos un total de 35 manzanas.

En todo esto juega su importancia el hecho de que el los procesos no concluibles, existe un estado dinámico propio de la identidad real del proceso. Este estado dinámico, lo interpretamos principalmente como sensación de tiempo. Y es el que nos hace distinguir el desarrollo interno de todo tipo de procesos continuos.

En este caso de la identidad “manzana”, es la identidad la que al mantener su realidad impone un proceso dinámico en los acontecimientos de los que se compone dicha realidad. De manera que, o asumimos la sensación de contar esas manzanas de 5 en 5, o asumimos la sensación de contarlas de 7 en 7.

No confundamos este ejemplo con el ejemplo ideal simulado de unas manzanas ficticias. Este último consta de la simulación de nuestro cerebro de la sensación “manzana”. Simulamos la realidad, para lo que también experimentamos la sensación de tiempo, pero no es una realidad impuesta por la percepción sensorial de interacciones externas. Es la simulación siempre imperfecta de una realidad impuesta (que es lo que estamos haciendo ahora), que gracias a nuestra capacidad memorística de recrear con cierta precisión sensaciones producidas por realidades externas, podemos crear ejemplos ideales en los que aplicar nuestros razonamientos y avanzar en ellos.

¿Por qué es importante tener en cuenta el orden que da la forma al proceso en una dinámica que asumimos como sensación de tiempo?.

Pongamos otro ejemplo de lógica matemática:

7-5=2 a un conjunto de 7 unidades le quitamos un conjunto de 5 unidades para quedarnos 2 unidades…

esto en el abstracto de las matemáticas puras es lo mismo que

-5+7=2 a un conjunto de -5 unidades le añadimos un conjunto de 7 unidades para quedarnos con 2 unidades…

como es un proceso concluso, no hay problema respecto a las diferencias de la dinámica del proceso en sí, pues dicha dinámica no se manifiesta. Da igual expresarlo como “quitar un conjunto de 5 unidades” que “añadir un conjunto de -5 unidades”; así como “a un conjunto de -5 unidades” que “a un conjunto de quitar 5 unidades”. Expresemos las acciones como conclusas (-5, +7), o como procesos (quitar 5, añadir 7), no varía nada, pues los procesos no imponen realidad de proceso alguna al ser conclusos.

La diferencia analítica entre los dos procesos conclusos está en la parte que tomamos como referencia del proceso. En el caso 7-5=2, la referencia es 7; mientras que en el caso de -5+7=2, la referencia es -5. En los casos en que los procesos son conclusos no es transcendente en que parte del proceso centremos la referencia de evolución del proceso.

Pero, ¿qué pasa si asociamos a las unidades la realidad impuesta que asumimos como la sensación “manzana”?.

Al un conjunto de 7 manzanas le quitamos un conjunto de 5 manzanas para quedarnos con 2 manzanas.

Este proceso es perfectamente asumible desde el análisis lógico y pertenece perfectamente a una realidad impuesta. La referencia es “un conjunto de 7 manzanas”. Perfectamente real como posible proceso de observación en el que centrar el resto de desarrollo del proceso a definir.

El problema es si cambiamos el sentido del proceso cuando se trata de procesos reales:

A un conjunto de -5 manzanas le añadimos un conjunto de 7 manzanas para quedarnos un conjunto de 2 manzanas.

¿Qué realidad es esta de “un conjunto de -5 manzanas”?. ¿Existe como realidad de proceso mantenida?.

Para intentar hacerla más asumible la voy a expresar como proceso dinámico:

A un conjunto de quitar 5 manzanas le añadimos un conjunto de 7 manzanas para quedarnos con un conjunto de 2 manzanas.

El conjunto de “quitar 5 manzanas” solo define una acción (la de quitar 5 manzanas) que aplicamos a una referencia del proceso, a… a la ausencia de manzanas, a nada. Esta no es una referencia que represente realidad alguna. La nada es conclusa y ajena a cualquier interacción o proceso.

También lo podemos expresar:

A quitar un conjunto de 5 manzanas le añadimos un conjunto de 7 manzanas para quedarnos con 2 manzanas.

Donde se deduce claramente que la referencia es la propiedad de “quitar”, no el conjunto de 5 manzanas.

Esta expresión en sí carece de realidad propia como proceso, al carecer de referencia con identidad real propia en la que sustentar la realidad del proceso. Pero puede formar parte de un proceso real mas amplio que albergue la verdadera referencia del proceso.

Por ejemplo:

A un conjunto de 10 manzanas le quitamos un conjunto de 5 manzanas y le añadimos un conjunto de 7 manzanas para quedarnos un conjunto de 10 manzanas mas un conjunto de 2 manzanas.

Con lo que hemos tomado como referencia del proceso “el conjunto de 10 manzanas”, lo que se mantiene como realidad sostenida en todo el proceso.

Para estudiar la realidad física de la naturaleza, en mi opinión es fundamental ser muy escrupuloso al tomar el sistema o laboratorio de análisis de esa realidad que se pretende estudiar, entender y simular. Es muy importante simular en nuestro análisis la composición de los procesos desde referencias reales, pues solo simularán realidades físicas si representan a procesos reales, y solo lo pueden ser si se toman como referencias reales.

Esto se entenderá mejor cuando entremos en el espacio complejo, pero por ahora hago un descanso hasta que saque tiempo y animo de seguir con la exposición. Y de paso aprovecháis para recuperaros de la tortura que ha supuesto tener que seguir todo lo expuesto hasta ahora.

Saludos.

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